GNOSIS EXPERIENCIAS

 

 
1 MUERTE DEL EGO DE

 LA  PENA AJENA

 

 
 

2 MUERTE DEL EGO DE 

   FALSO SENTIMIENTO DEL HONOR

 

 
 

3 MUERTE DEL EGO DE

 MIEDO A DAR MALA  IMAGEN

 

 

 

4 MUERTE DEL EGO DE  

  MIEDO A LAS CONSECUENCIAS  

 

 
 

5 MUERTE DEL EGO DE

  MIEDO A LA SOLEDAD

 

 
 

6 MUERTE DEL EGO DE

MIEDO AL MIEDO

 

 
 

7 MUERTE DEL EGO DE

    LOS  C E L O S

 

 
 

8 MUERTE DEL EGO DE

   LA ENVIDIA

 

 
 

9 MUERTE DEL EGO DE

 LA S U M I S I O N

 

 
 

10 MUERTE DEL EGO DE

LA VANIDAD  HERIDA

 

 
 

11 MUERTE DEL EGO DE

 LA CRISIS   EMOCIONAL

 

 
 

12 MUERTE DEL EGO DE

UNA FACETA LUJURIOSA

 

 
 13  MUERTE DEL EGO DE UNA      PRESENCIA  LUJURIOSA  
    

14 MUERTE DEL EGO DE

 AUTOREPROCHE EN EL

 RESENTIMIENTO

 

 
 

15  I N I C I A C I O N E S

  PRIMERA PRUEBA DE       LOS CUATRO ELEMENTOS

 

 
 

16 MUERTE DEL EGO

LA LUJURIA A TRAVÉS DE LA IMAGEN

 

 
 

17 MUERTE DEL  EGO

DEL HALAGO Y LA FALSA MODESTIA

 

 
 

18 MUERTE DEL EGO

MIEDO A QUEDAR EN FEO

 

 
 

19 MUERTE DEL EGO

EN EL RECUERDO DE UNA PENA

 

 
20 MUERTE DEL  EGO  

OTRA FACETA DE CELOS

 
 

      21 MUERTE DEL  EGO

    INGRATITUD AJENA

 

 
    

   22 MUERTE DEL  EGO

  UNA FACETA LASCIVA

 

 
    23 MUERTE DEL  EGO

   SENTIMIENTO DE       

    AUTOLASTIMA

 

 
  24 MUERTE DEL  EGO

   ACTO NUPCIAL DE LA

     COBRA DORADA

CONTINUA..........

  25 MUERTE DEL  EGO

     DE LA LUJURIA

      MORBOSA DE LA

      T R A G E D I A

 

 

 
  

  26 MUERTE DEL  EGO

       LIBERAR A LA     

       VIRGEN NEGRA

 

 
   

  27 MUERTE DEL  EGO

     DEL REGISTRO

    ANCESTRO DE LOS

 ARCHIVOS AKASICOS 

 

 
 

   28 MUERTE DEL  EGO

     DE UNA FACETA

   DE LA ENVIDIA EN LA

        I N F A N C I A

   

 
    29 MUERTE DEL  EGO

   LA MAMA OCA O LA

        MADRE  GANSO

 

 
 

  30 MUERTE DEL  EGO

           MIEDO A MI

           DEBILIDAD

     

 
 

   31 MUERTE DEL  EGO

       LAS DISTINTAS

     CARAS DE LA IRA

 

 
   32 MUERTE DEL  EGO

    FRUSTRACIÓN CON

    LA IRA

 

 
   33 MUERTE DEL  EGO

   LA INCERTIDUMBRE

   Y LA DUDA

 

 
    34 MUERTE DEL  EGO

     PENA A HERIR  LOS

 SENTIMIENTOS AJENOS 

 

 
   35 MUERTE DEL  EGO

         L E V I A T A N

      PRIMERA PARTE

    

 
   36 MUERTE DEL  EGO

    L E V I A T A N

   SEGUNDA PARTE

 

 
  37 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    PRIMERA PARTE

 

  38 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    SEGUNDA PARTE

 

 
  39 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    TERCERA  PARTE

 

 
   VOLVER A LA

   P R I N C I P A L

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                            

                                             

 

 

                                         EL LA VANIDAD HERIDA

 

   El amor y la comprensión son valores que proporcionan felicidad a quien los prodiga, sin embargo, para que su aparición sea propicia  el iniciado, que lo somos todos, debe aprender a  visionar y a rectificar las partes erróneas de su personalidad o ego.

   Nuestro trabajo de hoy nos lleva a reflexionar sobre aquel tipo de orgullo al que osaron romperle el corazón, y herido… se hizo muy pero que muy peligroso.

 Nos hallábamos bajando por un tubo cilíndrico de metal en el interior de una gran estalactita. Entendimos que por esa característica, más el frío y la humedad nos encontrábamos en una cueva. El silencio consagró el descenso rápido, directo y aparentemente calculado. Allí la percepción del tiempo… estaba trucada. Nuestros pensamientos y emociones, convertidos en madejas de enmarañado contenido, sufrieron  extrañas alteraciones.

   Llegamos a tocar tierra en la más plena oscuridad. La estalactita formaba una columna milenaria, y por  una rotura, más o menos causal, de su base nos permitió salir de ella. Profundizamos poco a poco en lo más lóbrego de esa caverna… Empezábamos a ser  conscientes de que ese espacio era una de las partes de nuestro interno, en esta ocasión, una oscuridad propia. Nos movíamos unidos de la mano, la lentitud en el avance era notoria. Cada  paso era un desafío.  Confiábamos en que la Eterna Divinidad nos guiara entre aquellos indisciplinados adentros, forjados de acuciantes  amenazas, sordas, pero temibles… Eran, pues ahora lo sabemos, espectros de la naturaleza inconsciente, creaciones comunes a todos los seres de  la humanidad.

   Después de un tiempo, eterno al reloj de la espera, una lejana luminaria nos ofrecía el credo del compromiso en el que estábamos actuando. La Madre Divina se fue acercando y nos tendió su favor. A Ella le expusimos la necesidad de enfrentarnos al orgullo y con muchas probabilidades estaba herido.

   Al pronunciar esa concreta solicitud, se abrió ante nuestros ojos una gran pantalla de filmación; visualizamos miles de imágenes de la vida conocida, la actual,  en las que el orgullo dolorido era ajeno a cualquier  compasión en su inicial sentir. Ante esa autopercepción constatábamos que nos habíamos sentido heridos con este agregado, más veces de las que recordábamos en conciencia. Nos impactó en gran manera ese descubrimiento; albergar en nuestro seno ese cultivo tan generoso de sentimientos fatuos era materia a estudiar. Se trataba de ese tipo de experiencias que poseían en sí un conocimiento valioso, por el que se había pagado un alto precio, ya fuere en el pasado, en el presente o en el futuro  al que, sin lugar a dudas,  íbamos a requerir que su luz y sabiduría alcanzaran  la transformación y el consecuente cambio  vibracional.

   Ambos solicitamos a la Madre Muerte que nos permitiera conocer que era lo que se había creado con ese tipo de sentir y Ella nos explicó…

Cúpula Catedral de Zamora.    “Os dirigiréis hacía la más alta montaña que podáis encontrar. Desde allí la amplitud de lo instituido por el profesar de los propios actos será la exhibición de lo que me pedís”.

      Buscamos sin demora el sitio indicado, no nos abrumó pensar en el esfuerzo,  al comprobar que sería una experiencia dura. El cuerpo físico y el mental debían ser olvidados, las objeciones, pertinentes o no,  y las quejas eran,  en esos momentos, inviables.

   A medida que nos elevábamos una emoción poderosa de aprensión intentaba ofuscar el hecho de asumir esa nueva responsabilidad. La densidad del ambiente pretendía evitar el encuentro con nuestros propios yoes… Llegamos a la cima con el corazón enrarecido y ante nosotros… se abría una ciudad de dimensiones  espectaculares. Nos quedamos aturdidos  ante tanta grandeza, y aunque resulte somero, llegaríamos a definirla como perfección. 

   Kali al ver nuestro asombro,  y con el corazón abierto al amor que  nos abriga  señaló…

 “Esta es la ciudad del orgullo herido. Como veis todo en ella se semeja a la corrección. No en vano está estructurada con discernimiento, ya que, muchas son las instruidas justificaciones que albergan sus cimientos, de lo contrario, vosotros mismos, casi sin pensar,  no hubierais  permitido su creación. Ahora  es imprescindible le otorguéis un nombre…”  

El silencio parecía cortar la ausencia del aire, o era que la respiración estaba mantenida… Y Ella volvió a hablar…

 “En el trabajo del crecimiento es absurdo enfadarse con los demás y consigo mismo… Sería como albergar algún resentimiento contra el fuego por arder siendo ese su propio medio. Debéis pensar que todo lo que estáis observando es de gran utilidad, y su existencia no es vana en ninguno de sus aspectos”.

 Valoradas las circunstancias, y practicando la paciencia en busca del adiestramiento de la mente, decidimos llamar a nuestra ciudad…

                                               “Porquéaellossiyamino”

   Cada vez que deteníamos la mirada en su esplendor más crecían en nuestros adentros la necesidad de hacerla desaparecer y haciéndoselo saber a la Divina nos comentó…

 “Debéis  liberar vuestra ciudad utilizando la vehemencia del  fuego por medio de una explosión. La forma adquiere importancia por su poder, no por el elemento que vais a utilizar. Así pues, no será el fuego que destruye en su purificación, sino que sea una llama de comprensión la que se genere”.

   Le pedí ciertas aclaraciones a la Madre, en tanto desconocía cual era el procedimiento que podía provocar una expansión tan enérgica del conocimiento. Y sus enseñanzas, siempre fuente de agua cristalina vertieron…

                                                                                                       Hécate escultura del Vaticano.

 “El fuego no tiene que demoler la ciudad. Cread una onda expansiva con partículas atómicas de amor, del que sepáis generar”.

   Los esfuerzos místicos hicieron efecto. Meditamos, visualizamos y enviamos por el éter de aquel lugar los átomos,  y vimos como se esparcían por doquier,  e instantes después sentimos como se  hubiera producido un estallido, un golpe agudo  que provenía no del suelo que pisábamos, tampoco de la metrópoli,  sino del interior de nuestra mente. Y de manera curiosa, las letras del nombre de la ciudad empezaron a caer pulverizadas; creándose simultáneamente  una nueva manera de ser llamada. Y el bautismo creó el sustantivo propio…

                                                  “Porquesí”

 

La Madre nos explicó…

  “El primer nombre con el que se determinó la ciudad es fruto del orgullo herido y el que ahora persiste, que se escogió así mismo, sigue siendo orgullo.

 Hécate escultura del Vaticano    La imaginación es álgebra celeste. Crea a tal rapidez,  que a menudo no somos conscientes de ello”. 

  Y dicho esto al rótulo empezaron a caerle todas las letras y se quedó en un blanco lleno de vacío… Base poderosa para ser rellenada.

   Lo que en apariencia sólo afecto a la  denominación gráfica, no fue así, pues,  la misma onda expansiva que modificó el rótulo repercutió en cada una de las casas construidas. Todo pareció levantarse unos metros, y al caer,  lejos de todo pronostico, no se destruyeron las estructuras,  pero si desapareció la primera capa de toda la materia creada de aquel lugar.  

   Los escombros eran numerosos y la  Madre, con una experiencia bañada de neutralidad en el sentir,  recogió todos los desperdicios  y entre  los tres, los trasladábamos poco a poco a un camión-hormigonera para que esa primera capa se manifestara en su verdadera naturaleza. Ese manto de materia derruida  representaba el orgullo. Y ahora las  casas quedaron de una traslúcida y  diáfana roca de  cristal.

   La luz reflejaba fulgente alrededor de todo purificado y la Divina Muerte nos anunció…

 “Ese acontecimiento catártico ha provocado que las cosas aparenten ser más cristalinas, sin embargo, no os podéis  dejar engañar de nuevo por la astucia de este sibilino  ego.

 Hemos eliminado una de las versiones hipócritas del orgullo, y ahora luchará con todas su  animadversión contra lo que ha generado su herida.  

En esa ciudad existen beneficios y  promesas incumplidas de humildad. Inspiran serenidad y belleza, por el barniz que se cierne  sobre ellas. Ese ente viscoso y brillante a la vez seduce y apelmaza como la tela de una Diosa oscura.

 El orgullo herido es esa resina que te atrae hacía sí, te cautiva, te embelesa  y luego te fulmina…”. 

                                                                                       Virgen Catedral de León.

   La Divina nos explicó que la mejor manera de proceder era evocar de nuevo al mismo fuego de ondas, y las acciones se sucedieron en el mismo emanar.

   En el momento en que a esa segunda capa de roca de cristal la pusimos en la hormigonera se empezaron  a oír gritos, insultos, todas consideraciones difíciles de olvidar. Dentro,  esa masa pétrea se estaba diseccionando y el orgullo herido sabía  que roto en miles de partes perdía su poder, se quedaba reducido a la nada relativa. El  sentimiento de rabia y de venganza persistía en su fuero interno y eso  le ayudaba a mantenerse complejo. Fue necesario un  trabajo conjunto de alta concentración por parte  de los tres, y unidos a partir del Ser intentábamos mantenerlo dividido para poder controlarle.

   De repente la actividad cesó. No se oía ruido ni voz ninguna… excesiva calma llegamos a comentar. El orgullo herido había vencido la primera batalla, con su desquite íntimo consiguió que sus partes tomaran forma, y de la hormigonera salieron dos representaciones de ese agregado en forma humana. Eran dos jóvenes, un hombre y una mujer, atractivos, apuestos, inteligentes, exuberantes… Poseían todas las cualidades más excelentes  de la humanidad, pero acompañadas de una desmesurada altanería. Ambos se sentían ufanos, se divertían viendo nuestro esfuerzo por mantener la situación, se consideraron indestructibles, y el lema que daba lugar a  su creación fue el desarrollar una estrategia de defensa para salvar  su cuidad de nuestras manos y pensamientos dañinos.

   Intentaron con buena disposición oratoria exponer sus razones, todo  era apariencia. Sabíamos que estaban adoptando una actitud falsa y que estábamos ante un escudo de autodefensa. Y Jesús les cuestionó…

 “Si tan inteligentes y fuertes sois… ¿Por qué estáis  defendiendo la ciudad?...

“Eso tan sólo se hace cuando se  siente vulnerabilidad”. Añadí…

Y con un gran acopio de ira verbal nos  contestaron y aunque en ninguna de sus palabras se profería un insulto nos trataron de interesados, destructores, manipuladores de la verdad… y nos cuestionaron aspectos de ética y moral alegando que éramos incapaces de albergar la compresión y  el análisis necesarios para entender.

   Ellos seguían considerándose superiores a todo, y ahora, en esos momentos, más.  

  Con un poco de sorna irónica le dije a la Madre Divina, que estaba escuchando impávida  las chanzas  entre nosotros y los egos… 

“Madre… ¿Será verdad que estamos confundidos? Parecen ostentar  muy buenas cualidades. Son valerosos, constantes y sabios.

   Y el joven al oír mis retóricas intentó aportar más conceptos de irradiación dudosa pero bien adornada y dijo…

 “Debemos seguir defendiendo la ciudad del  ataque al que nos estáis sometiendo. De continuar en vuestro intento terrorista, no sólo recibiréis una citación de no gratos, sino que vamos a luchar de nuevo,  y esta vez sin diálogo. Como podéis ver somos comprensivos, elocuentes y democráticos”.

 A lo que Jesús contestó…

 “Lo curioso es que vosotros dos no sois más que creaciones nuestras. Y pongo,  aquí y ahora, como testimonio aludiendo a vuestra inteligencia, que sería del todo ilógico intentar crear reverencias tan soberanas para ir en contra de nuestros propios intereses”

  Ellos escuchaban atentos, casi alegres por creer ganada la partida y Jesús continuó…

 “Por ello pensamos que los que poseen una mente confundida sois vosotros. Os contradecís, tanto en cuanto sois partes nuestras de conclusiones tergiversadas; aparecéis ante nosotros cuando os invocamos y defendéis vuestra ciudad, que no es más que otra de nuestras instauraciones  mentales…”

 Y dejando unos segundos para que consideraran lo dicho Jesús continuó…

 “Ahora somos nosotros los que nos tenemos que defender de vuestra ira. Es evidente que en este estado nuestras puertas interiores se cierran”.

 Ante dicho discurso las partes del orgullo creyeron obtener un beneficio, una estrecha posibilidad de dicha abrumadora, y sin dudar discurrieron…

 “Pensándolo bien, ambos deducimos que los cuatro ostentamos el mismo interés”.

    Su sonrisa maliciosa no escondía el engaño crucial que intentaban tender. Y después de algunos minutos, como si de semidioses se tratara querían conducirnos de nuevo hacia el fuego más profundo. Y con esa felicidad genuina que produce el domino de las ideas perturbadoras. Prosiguieron…

“¿Por qué vamos a luchar si ambos podemos permanecer en el poder?

    Existen reinos lo suficientemente amplios para gobernar y de manera amistosa y comprensiva trataremos a los enemigos comunes. ¡Reflexionad¡”

 “Tus razones ni nos sirven ni conforman…” Contestamos sin ofrecer duda.

    Y sin dejar que continuáramos  hablando uno de los seres creados se encolerizo,  y gritando nos dijo… 

  “Lo queréis todo. ¿Verdad? Avariciosos. Y pensar que íbamos a permitir que  nuestra estirpe se relacionara con esas raleas negativas, nefastas y de baja alcurnia”.   

   Y sin inmutarse Jesús continuó hablando…

 “Vamos a evocar  una pugna, ya que, aunque poseamos  el mismo objetivo,  los sentidos son opuestos. Además bajo el conocimiento de la razón, una creación nacida de nuestro seno interno, no es erigida para ir en contra nuestra”.

 Con un intento de contrarrestar la fuerza de las palabras expuestas, esos agregados egoicos nos preguntaron con desdén…

 

Bajorrelieve Catedral de Salamanca..

 “¿Se puede saber, insignificantes larvas mentales, con qué contáis para poder luchar contra nosotros?”

   Y sin que la voz vacilase, les  respondimos…

  “Al principio llegamos a creer en vuestra inteligencia, pero ahora,  nos defraudáis. Y os diremos que nosotros siempre contamos con la Luz que todo lo establece.

   Se implantó un silencio vacío. Y de nuevo esas conocidas voces ofendidas del trato retumbaron a la par…

 “¡No pretenderéis  destruirnos¡ ¡Somos vuestra creación¡ ¿Es eso lo qué entendéis como amor?”.

 La respuesta no fue inmediata, Jesús la elaboró con mesura, y contestó con una pregunta…

 “¿Ahora reconocéis qué sois parte de nuestras creaciones?...”

    Y tras el argumento sin esperar respuesta y  decidido expuso…

 “Al reconocer por propia  palabra, y de forma voluntaria de  quien sois nacidos; quedáis sometidos a nuestra responsabilidad. Así pues, de la misma manera que en una ocasión os gestamos en esta os excluimos de nuestra vida.”

   La Madre Divina estaba en todo momento pendiente del curso de la conversación preparada para defendernos si el caso lo hubiera exigido  nos dice…

 “Su propia audacia es la responsable de su traición. Al declarar que ellos eran vuestra  creación,  el poder que poseían ahora está en vuestras manos. Y procesan tales  orgullos que no faltarán a su palabra, no lucharán. Jamás soportarían que les catalogaseis de ingenuos o cobardes, y ese mismo pundonor provocará su propia autodestrucción. La lección debe ser asumida, es decir,  el orgullo por orgullo  mata”,                                                                                                                                                                                              Virgen Catedral de León.   

  Las dos formas humanizadas se fueron evaporando de nuestra presencia y de nuevo ante nosotros percibimos la amplitud de la ciudad.  

   Al mirarla la vimos blanqueada. Parecía de roca de cristal, como si fueran  tiras de cuarzo, y el sol permitía que sus aristas ofrecieran reflejos centelleantes. Creímos que todo había terminado. Ambos extasiados admiramos el panorama,  cuando la Kali con mucha dulzura en su mirada nos dijo…

  “Esa capa también ha de desaparecer”.

 Ante tal afirmación le dije a la Madre que no entendía el motivo, todo lo que se contemplaba era hermosura.

 Con paciencia infinita la Diosa Muerte comentó…

 “Hijos míos, a veces el orgullo toma esa variedad. Pensad. ¿No soléis ser condescendientes con la belleza? En ocasiones, el humano deduce que la belleza siempre es un sinónimo de pureza y de verdad Divina, y aunque parte de su esencia esté relacionada con todos esos aspectos superiores, no se debe de olvidar que Lucifer también era eternamente bello.  

El ego es astuto e inteligente, puede esconderse bajo una capa de bondad, de ternura e incluso ofrecer una justa apariencia,  a fin de que no destruyamos sus proyectos. Igualmente la misericordia, la modestia,  la sencillez, toda virtud inspirada pueden estar basadas en el simple orgullo de serlo, y ese agregado es el que al ser descubierto se siente herido y por consiguiente actúa hiriendo. Recordad… a veces en la manzana roja sin mácula vive el gusano”.

    Sin más preámbulos, le  preguntamos a la Madre como destruir el cuarzo. Daba  cierta lástima demoler una cosa tan bella, pero a veces es obvia la necesidad de  sacrificar el trabajo hecho si sospechamos que  existe un error de base.

   Nos volvimos a concentrar y se creó de nuevo una expansión de fuego, esta vez en forma de lluvia, y cada vez que esas gotas de amor hacían contacto con alguna de las piedra-cristal de la ciudad, éstas no resistieron el calor y lentamente se fueron deshaciendo.

   Todo quedó abolido,  ya no existía rastro de ningún pináculo de mineral. La Madre fue recogiendo todos los desperdicios creados y los fue almacenando dentro del camión-hormigonera. Fue entonces cuando pudimos ver que era lo que albergaba debajo de esas rocas.

  Esa nueva y tercera capa ya no era  agradable. Ante nosotros había miles de gusanos extendiéndose por doquier. Su cuerpo blanco contrastaba con el negro de su cabeza y sus colmillos afilados absorbían la materia prima de los cimientos. Su comportamiento en apariencia no era agresivo para los presentes ni se dañaban entre ellos, pero si destruían los cimientos, nuestros valores, se comían la seguridad, la autoestima, nuestra independencia…

   Mirábamos anonadados al comprobar la existencia de tanta vida subterránea. Algunos de esas alimañas eran tan orondas que llegaban a tener el grosor de un elefante. Eran  ciegos, pues carecían de ojos, pero en su constancia  no cedían; su objetivo era ir a la búsqueda de la génesis en su probidad. Querían llegar donde nace todo el proceso de la energía divinal. Buscaban la energía base… la que crea la virtud.

   La Madre en esa ocasión utilizó el agua salada para eliminar la repulsiva masa. Invocó con el exorcismo de las aguas al océano  y todo se cubrió de mar. Los gusanos  petrificaron sus2 formas y cesaron su  actividad. Estaban muertos. Ante nosotros se veía una gran extensión de salinas y mar. Posteriormente mediante unos conductos purificadores fue filtrándose el agua marina regresando al mismo lugar de donde vino.

Allí tan sólo quedaron varios millones de kilos de sal, que fueron recogidos por Kali y depositados en la hormigonera. El producto almacenado junto con el nuevo mineral empezó a girar…

   El suelo de la ciudad quedó desolado,  medio mojado y marrón oscuro. Pensamos que el trabajo estaba finalizado pues nada de lo construido quedaba en pie, nada que pudiera relacionarse  ni con la vida, ni con la muerte, sin embargo nos confundimos porque de la misma manera que la vida trae vida la muerte resurrección.  

   La Madre nos enviaba miradas tranquilizadoras mientras la tierra se movía a nuestros pies. Se estaba desquebrajando lentamente… Eran momentos de estupor cuando de la nada  empezaron a  brotar siete árboles.

   Primero vimos sus tallos, y fue cuando la Diosa muerte comentó…

 “Para realizar un  buen trabajo de concienciación correspondería estar esperando tanto tiempo como el que tarda en desarrollase un árbol, pero, como no disponemos de ese espacio temporal veréis crecer los árboles en segundos.

   Se formarán siete  árboles gigantes y…”

 Por impulso y curiosidad humana interrumpí a la Madre en su exposición y le pregunté…

 “¡Es una  maravilla¡  ¿Es este el fruto del trabajo?”

 Y la Madre me indicó…

 “Mira, a cada   árbol le pertenece un  nombre que le da magia y según sea  su procedencia y fruto se le busca un sentido…”

  Pero Madre insistí…

 “¿Qué árbol puede brotar, crecer y dar rendimiento cuando ha sido regado con agua salada?”

Santo Domingo de la Calzada.

   Mientras esperaba la respuesta de la Diosa me acerqué a los árboles de formas y frutos divinos, y allí, en un letrero al lado de cada tronco pude comprobar que estaban clasificados por nombre, al pronunciarlo en voz alta, cada  árbol se trasforma en color determinado. La Madre Muerte nos argumentó…

 “Estáis ante una manifestación de la ira, la envidia, la pereza, la gula… Cada árbol pertenece a un ego… Cada agregado que existe en cada una de esas formaciones corresponde a un chakra distinto. Como veis cada uno de ellos posee un color atrayente, pero muy dañino. No os acerquéis más”.  

   Nos miró atentamente. Sonrió y nos dijo…

  “Si, se que os agradaría poderlos cortar. Sin embargo necesitamos su espacio vital para seguir trabajando.

Debemos diseccionar diversas partes de la raíz,  las más profundas. Del bulbo es de donde obtiene la Luz con la que sustenta el tronco, las ramas  y frutos.

Nos convertiremos en partículas de tierra”.

   Era una afirmación sorprendente, en nuestro caso concreto jamás nos habíamos visto en una circunstancia similar. ¿Cómo nos  sentiríamos siendo tierra? Era algo que íbamos a averiguar.  Tanto la madre como nosotros fuimos transformándonos sin sentir dolor, ni pena alguna, sencillamente nos  concebíamos  diferentes, pero igual de vivos. Fuimos pasando por dentro de la tierra como granos. Nos movíamos por dentro, en verdad éramos nosotros y a la vez tierra,  una sensación muy extraña.           

  Nos movimos hacía las raíces de cada árbol, cada uno de ellos tenía siete cepas principales. En cada una existía una esfera lumínica, y era lo que estábamos buscando; las cortamos una a una. Las cuarenta y nueve bolitas lumínicas se liberaron saliendo de  la tierra. Ascendieron modificando sus formas, pasaron de ser circulares para estructurar un triangulo equilátero perfecto; dividido en siete partes y de esa alineación nació el arco iris.

Nosotros salimos sin dificultad y a los pocos instantes nos reconvertimos en nuestro estado normal.

   Los árboles por muy gigantes que eran; carecían de poder. Asumieron la personalidad frágil,  y  como a las malas hierbas, la Madre los arrancó como brotes.

   Esas rebuscallas secas y arrugadas en si mismas fueron también recogidas por nuestra Bienhechora, y los añadió a la ya existente masa en el camión hormigonera.

  En ese instante un ruido repentino nos hizo tomar de nuevo conciencia, delante nuestro se habían abierto siete boquetes inmensos. Y la Madre  nos preguntó…

 “¿Por cuál de ellos  deseáis entrar?”

  Nosotros nos mostramos dubitativos era difícil decidir el más oportuno. La Madre Divina no nos dejó en la incertidumbre y  expuso…

 “¡Mirad¡ Esas profundidades son partes vuestras oprimidas, todos esos agujeros negros nos llevan al mismo punto. La disposición que hagáis del camino a tomar va relacionada con un asunto concreto a solucionar.

 Debéis reflexionar sobre cual es el agregado que en estos instantes estando en la fragua encendida de Vulcano sentís. Pensad el que os queda cerca…”

   Escogemos uno de los orificios de la derecha,  y al entrar sentimos que estábamos en las entrañas de la envidia.

 Y la Madre nos dice…

 “Las  fauces de este mal instauran una tristeza oculta en el Ser por un bien o una admiración no poseído, en otras ocasiones se desarrolla  por una imperiosa indignación al creer injusto un acto ajeno, bajo la apreciación personal de un interés propio, o bien,  simplemente por no llegar a entender lo pretendido. Son tan amplias sus redes, tan banales… y el humano siente una amenaza tal,  que cuando ese sentimiento nace en su interior, en su defensa ataca, destruye  y en ese acto empequeñece, muere su verdad y es la envidia la que crece y le mata”.

  Caíamos en un pozo muy profundo y en el fondo daba la sensación de ascender. El  tiempo íntimo acompañante de lo finito, amante del agregado psicológico  parecía  haber expandido sus horas… 

   Después de haber viajado por esa naturaleza falaz  y llena de engaños llegamos al fondo del orificio y se abrían una serie de cavernas en las que la luz imperaba por  todos los rincones y delante nuestro siete magnificas catedrales doradas otorgaban con sus filigranas de  majestuoso oro unas formas de belleza que jamás las habíamos apreciado en el mundo  físico.

 Su arquitectura seducía al acogimiento y la reflexión, pero manteníamos nuestro estado interior sereno. Queríamos estar equilibrados ante cualquier adversidad, ante cualquier circunstancia fuera de la vicisitud que fuera. Y le preguntamos a Kali…

 “Madre  ¿nuestros sentidos nos engañan? ¿Vemos lo que realmente es?

Santa Mª del Azogue Benavente.

 Y la Diosa nos contestó… “Cerrad vuestros  ojos y abridlos. No miréis con los ojos de la mente material. Buscad en esas catedrales su aura… su espíritu”.

   Mantuvimos los ojos cerrados unos segundos,  y al contemplar de nuevo a cada catedral observamos una combinación de energías, cada cual de un color determinado, y rodeando los templos surgieron las aguas.

 Y la Madre Muerte  explicó…

 “¡Observad¡ Esas corrientes energéticas son como  grandes ríos, pero sus torrentes no reflejaban naturaleza cristalina. Y su procedencia depende del órgano que las produce y debéis atender a la razón que las gesta…

 En unos flotaban deshechos…

En otros aparecían extrañas turbulencias de procedencia equivoca e inhumana.

En los más lejanos afloraban líneas rojas extendiéndose con ferocidad. Surgían de la nada ríos naranjas, espesos y ardientes. Eran de fuego en forma de lava.

Incluso afluentes de extensiones verdes  extraídas de las bilis de todas las vísceras de aquellos seres que habían perecido.

Los otros, los azules absorbieron la energía de todos los humanos que se acercaban a él. Todos ellos quedaron sin  respiración, y sus venas dieron al caudal ese tono azul amoratado. Y así consecutivamente con toda la gama de colores que el sol producía y ellos repitieron.

    Todas esas  catedrales son los santuarios  del suplicio. De todas ellas buscad la del orgullo. La encontraréis en la cima”. 

    La catedral del orgullo estaba en la parte más escarpada de la montaña más alta. Parecía que quisiera tocar el cielo, o quizás en su fuero interno lo intentara. En ese espacio era la más portentosa, le agradaba controlar  y dominar a todas las restantes. Competía contra todo aquello que le supusiera un rival, y se unía como amante de la lujuria si ésta le dejaba creer que era él el que sobresalía del mundo. Fue entonces, al comprobar su poderío, cuando le cuestionamos a Kali que lo más prudente sería destruir esos templos del mal y sencillamente levantando su espada de amor, las fue fundiendo. Ninguna de ellas ofreció resistencia ninguna. Y la Madre  nos explicó…

 “Fijaros el orgullo, en toda su magnitud y facetas está basado en el agregado de la apariencia. Sus estructuras y los residuos de su imagen  se condensan,  y como surcos  van dirigidos a su centro, dentro del orgullo mismo, todo mezclado es lo que crea  ese espesor negro…”.

    En esa ocasión la  Madre no recogió la sustancia negra, sino que nos explicó  que la tenía que liberar. Nos quedamos sorprendidos de esa aparente compasión, y redimida la masa fuliginosa quedó extendida por toda la ciudad. Todas las catedrales se habían convertido en alquitrán. Sus vapores quemaban  y  abrasaban todo aquello que entraba en contacto con ellos. Y la Madre nos apremió a que estudiáramos de nuevo la situación para poderla reflejar en nuestro entendimiento futuro… 

 “Prestar atención,  todas las casas de la ciudad no son tales. Son partes propias o compartidas de forma humanizada. Son en verdad,  después de tantos siglos de otorgarles el alimento, personas. Seres que en estos instantes se están ahogando así mismos, con la misma sustancia con la que se nutrían”.

 Se asfixiaban dentro de la aglomeración viscosa. No sabíamos quienes eran. Manchados de negro su identidad estaba oculta, tan sólo resaltan sus dientes y sus ojos rojos abiertos en desmesura por la desesperación.  Intentaban exasperadamente llegar a un punto de apoyo para salir de allí. Algunos de ellos, con gran esfuerzo lo consiguieron, sin embargo ese líquido negruzco lentamente les fue arrastrando hacía sí, y en su lucha por sobrevivir, lo único que consiguieron fue su agonía. Todos querían vivir y la amargura  fue inmensa.

   Nuestra situación era de estupor, cuando se apareció un extraño efecto óptico, al otro lado de la colina aparece otra ciudad, no tan grande, más llana y circundada… Parecía que teníamos que empezar de cero y de nuevo.

   En ese proceder de los hechos,  la Madre dual se desglosó en dos, cada una de Ellas procedía en su labor con su saber único y universal. Juntos se invocaron a las fuerzas del Supremo,  y la masa de alquitrán empezó a vivir. Cubrió esa nueva ciudad de nuevo. Se trataba, como nos explicaron nuestras  Diosas,  de un coletazo del orgullo herido, un último intento de retomar un poder disoluto. El orgullo desfallecía, moría en si mismo, sacrificando a sus creaciones.

   Una vez más  vimos que las casas no eran más que seres petrificados  en las garras de ese tipo de asfalto húmedo. En aquel momento las Madres unidas recogieron esas imágenes proyectadas por las esquinas, como si se tratara de un mantel, y los restos quedaron contenidos en el centro. Y con sumo cuidado fueron depositando la masa en el interior del camión-hormigonera. El contenedor estaba al máximo,  e iniciaron el mecanismo para que sus turbinas empezaran a girar. El motor alcanzó una velocidad considerable y del agujero que poseía en el extremo del contenedor empezaron a salir las almas liberadas. Voluntades que poseían colores translucidos, y cada cual en su gama se iban fusionando por similitud y creando un hermoso arco iris de virtudes que ascendían hacia su propio Ain.

   No cabía duda era una conclusión notable. Un regalo ofrecido por esa fuerza interior a nuestras almas. El esfuerzo de la Luz Superior y el trabajo en la pareja daban su fruto, pues el verdadero camino, sea cual fuere, siempre conduce a Él.

    La Madre Muerte nos permitió unos minutos de sosiego, y con la intención consciente, nos brindo la dorada oportunidad de proceder a  realizar la última  fase en el trabajo con este agregado psicológico. Y nos dijo…

  “Habéis sido testigos de la noble verdad, en cuanto a la liberación anímica de los Seres se refiere. Ahora lo que vamos a realizar, a continuación,  es de toda vuestra labor de hoy, lo más importante para el desarrollo de la existencia espiritual común.

 Ambos debéis hacer una recopilación de todos los actos conscientes o no. Dejar que la fuerza interior os guíe y no os sorprendáis de no veros reflejados  en esas imágenes. Lo que de verdad interesa es que lo visualizado esté siempre relacionado con el orgullo. Una vez proyectado; haced de ellos dobleces como si de papel se tratase y  lo mezcláis  en la cisterna del camión.

 Todo este proceso es necesario para que la conciencia global de la masa elaborada en el tiempo sea erradicada desde su propio contenido, el vuestro…”

   Se fusionaron todas las partes encontradas, las de ambos, y a medida que pasó el tiempo la Madre fue comprobando si el contenido compartía el mismo espacio de una masa única. Cuando la alquimia energética estaba preparada, la Diosa Muerte  derramó el contenido allí donde antes se encontraban en las ciudades y ese brebaje se convierte en un ser…

   Una entidad oscura, monstruosa y dura se encontraba ante nosotros. Su poder ancestral era inmenso. Poseía unos cuernos retorcidos y de gran dimensión. Sus proporciones eran inéditas y con una voz potente y penetrante habló…

   “Mis cuernos son mi poder,  en ellos contengo la sabiduría de los siglos vividos. Yo me llamo ORGULLO. Mi nombre es superior  y todos aquellos que me conocen morirían por mi fuerza y por ser superior a mí.                                   Catedral Vieja de Salamanca.       

   Estoy muy ofendido porque habéis osado engendrar  un hijo mío.           Habéis utilizado la manipulación como base de producción para crearlo a él. ¿Es qué creéis que esa entidad podrá adquirir una potestad superior a la que ostento?  Yo no puedo permitir ni permitiré a ninguna criatura,  ni tan siquiera a una que corresponda a mis mismas creaciones, yo  soy el sumo, incluso el altísimo mal no es nada ante  mí,  y evidentemente soy supremo aun delante de las Superioridades”. 

      Las Madres Divinas,  aún duales,  sabedoras de que la ayuda celestial en esas densidades no era factible solicitaron al Padre Creador su protección. Y allí donde estábamos se creó una media luna de amparo y sin esperar se acercaron una gran cantidad de Seres alados con espada de fuego. Todos la tenían asida por la empuñadura, pero apoyada en el suelo esperando la voz de mando para perpetrar la lucha y  defender la fortaleza lumínica lunar.  

Una de las Diosas nos explicó…

 “Este agregado exhibe tanto orgullo,  que permanecerá impasible. La potestad del orgullo reaccionará  con cierta predisposición a  la soberbia,  y juntos no darán cabida a la posibilidad de una contingencia que pueda dañar a su propia imagen.

 Nos considera insignificantes. Somos a sus ojos un manojo de seres inferiores. Un deplorable  ejercito de Luz ante un coloso. Ese es su pensamiento.

 Recurriremos a su propia seguridad para defendernos. Cada uno de nosotros, nos pondremos en un punto cardinal. Jesús al norte y tu Montse en el sur. Nosotras alcanzaremos los espacios sobrantes. Asiremos las dos aspas lunares e invocaremos a la Luz”.  

  En el momento que hicimos ese ritual, de la media luna se abrió un círculo que nos albergó. Estábamos con las espaldas cubiertas de una potente Luz y por delante la media luna nos protegía.

   Llegamos a formar una  esfera  perfecta y dentro de esa luminiscencia las  Madres  Muerte  nos  ofrecieron  la El Andrógeno Divino.     misma espada que poseían nuestros bienhechores. Las cuatro espadas trabajaban al unísono y fuimos centrando nuestro poder en cada punto energético de ese ser absurdo. Por unos instantes creímos por  la feroz mirada del orgullo y por su furia que  nos iba a destruir, pero curiosamente eran tanta la grandeza de su propio mal, que al ser dañada su temible omnipotencia, se mantuvo estático, como nos dijo la Madre, impasible y no se defendió.

   Su fuero interno estaba tan seguro de que no podríamos perjudicarle que su propio orgullo fue su muerte. Seguimos asestando Luz en cada punto chacra creándose pequeñas explosiones internas,  hasta que al llegar al último, la totalidad de su masa pareció desvanecerse.  

   El orgullo se desmoronó y dejó en evidencia que toda esa inmensidad tan dura, tan potente, tan colosal,  sólo era un caparazón, un escaparate. El orgullo estaba vacío, lo único potente que poseía era su imagen.

   Cuando todo desapareció en el centro de esa plataforma había un bebé desnudo. Era  hermosísimo. Pero… ¿Un niño nacido del orgullo?

     La madre nos dijo que, antes de asumir a ese ser como algo puro debíamos averiguar si en verdad era lo que en apariencia dictaba.

   La madre le tomó con mucho amor y le empezó a hacer unos masajes circulares en el vientre, y por el ano el bebe sacó dos huevos negros. A ese niño no parecía provocarle ningún dolor, pero el tamaño de esas  protuberancias eran inmensas  y la Madre nos dijo…

 “Estos embriones oscuros son las partes del ego orgulloso que vosotros os vais  a encontrar en el futuro”.

 Nos miró a la cara y nos sonrió con ternura. Nuestros ojos agrandados por sus palabras bajaron la vista al suelo, como derrota y la Madre prosiguió…

 “Hijos no os lamentéis de ello. Ese enemigo interior que poseéis es más feroz, que cualquier homologo externo. Siempre que os observo veo que tomáis  el defecto como un castigo, y tan sólo es una lección más, si la sabéis aprovechar para llegar a Él.

 Ahora sabéis que algo se gesta, y ese conocimiento hace que su poder no  sea el mismo. Es mucho más fácil destruir un huevo del que poseemos conciencia aun no manifestada,  que de aquel que ya ha entrado en el mundo físico de la materia. El enemigo interior  descubierto no se siente seguro, sabe que en un fugaz momento  errará y  haciéndose evidente a vuestros ojos empezará a morir… y la Luz comprometida os dará respaldo”.

    Mientras recibíamos esas enseñanzas de Verbo Divino, la Madre nos dio a entender que  estábamos ante un engaño,  y que debíamos de comprender el tipo de  naturaleza que los creaba. Después de unos instantes de silencio la explicación de una de las Diosas Muerte expuso…

   “Esos huevos quedarán en unas urnas sin ser destruidos,  porque son causas que todavía no han venido a nuestras vidas.

   En esas urnas no se les dejará crecer, así se mantendrán controlados, y cuando vuestra conciencia lo vaya a asumir se dispondrá del mecanismo necesario para su eliminación”.   

  La Madre Muerte continuó sanando a nuestro bebé, le puso la mano en la cabecita y empezó a hacer círculos concéntricos en su cráneo y un líquido rojizo similar a la sangre salió de la cabeza por el oído y la Madre nos indicó…

 “Esa es la semilla de la ira producida por el orgullo herido. Generada  por la rabia, la agresividad y la impotencia de no haber conseguido su objetivo,  la destrucción del Ser intimo de cada uno de vosotros”.

   Kali le tocó el entrecejo, la garganta  y todos los puntos energéticos y de todos ellos va extrayendo un objeto o una sustancia y nos explicó....

 “El orgullo había intentado ofrecernos un hijo igual de hermoso que él, pero con conspiraciones embaucadoras generándose en su interior.  ¿Os acordáis que fueron los primeros elementos que trabajamos antes? Pero saneadas, verdaderamente lo que hemos conseguido es el nacimiento de una virtud. La calidad de ese ego,  ya  no podrá lanzar un nuevo ataque, pues esta vez ha sido destruido desde dentro.

Es previo que a ese recién nacido le deis un nombre y una dignidad a cumplir, porque verdaderamente cuando desaparece el orgullo viene el Cristo y renace en nuestro íntimo”.

   Ambos sentimos la dicha de ese nacimiento y Jesús sin dudarlo propuso el nombre hindú de Krisna. Ese sería el nombre de nuestro hijo en el mundo astral.

   La transformación que sucedió nos dejo anonadados, pues el niño antes de recibir el nombre estaba desnudo,  y en cuando se le otorgó  la denominación se le embistió con la categoría que su calificativo suponía.

  A partir de aquellos momentos nuestra ciudad dejó de serlo. Todo aquello que alcanzaba nuestra vista era  verde, el césped y las flores nacían por doquier. Nuestro campo era virgen y con ese sentir se abría una opción a lo anónimo.

    Habíamos conseguido crear de ese ego el fruto naciente de una virtud la íbamos a  cultivar, a  proteger, a nutrirla, ya que era una dignidad compartida.

 Y la Madre nos recalcó…

  ü      “Son los defectos los que os ponen a prueba para que podáis  medir vuestra fuerza interior.

ü      La paciencia os ayudara a ser justos con los demás y con vosotros mismos.

ü      La sinceridad debe enterrar la mentira que no es más que una mascara de engaño y manipulación.

ü      Debéis estar agradecidos a esos problemas, ya que ponen en práctica vuestras palabras de fe.

ü      No respetar al enemigo, además  de entregarle vuestra energía, crea un camino de sufrimiento que va más allá del infringido por el agresor.

ü      Recapacitad con estos pensamientos, ellos os llevarán hacía la felicidad de cada momento.

ü      Al trabajar unidos y en armonía os ayudará a evidenciar y reconocer vuestras partes oscuras.

ü      La meditación, la reflexión y la posterior iluminación os ofrecerá la posibilidad de ver con claridad los distintos aspectos de vuestra existencia y de este modo si algunos episodios, que todo humano posee carece de la debida Luz podáis trasmutarlo.

   Les dimos las gracias a las dos Madres Divinas. Nos observaban con su cara aceitunada, sus grandes ojos negros y con una expresión de amor indecible. Sus ropajes de gala distaban de ser los negros de rigor. Estaban lejos  de recordar el  luto, ese profesar  que se necesita para que el mundo conmemore  el hecho,  de que para nacer es previo  morir, en el interno claro, en la destrucción del enemigo interior. Sus ropajes eran argumentos de amor representados en el cromar  del arco iris.

  Otra de sus curiosidades eran los collares que lucían, ya que,  en esta ocasión no estaban compuestos de las calaveras arrancadas a los egos, sino abalorios de esferas con plumas reales de distintos colores.

 La Madre en sus últimas aclaraciones nos expuso…

 “Para trabajar  la eliminación de las zonas oscuras de forma habitual y consciente es previo atender a los pensamientos de origen negativo, reconocerlos y modificarlos.

Nos hemos ocupado del orgullo pues este subvalor  absorbe energías de cada uno de los chacras. Se une con otros agregados y  colabora con ellos, y sin ser el más importante es el que con más facilidad combina con todos. Es el gran oportunista. Y en verdad,  todo lo que crea lo hace superlativo, por lo tanto el bebé como nacimiento de pro a una virtud, una vez saneado, también  es sublime.

Cuidad de Krisna que ha nacido de vuestra unión, y en el seno creado de la dualidad que sois. Adorad a ese niño para que crezca en vosotros.

  Aprended a vivir en la dicha y en la prosperidad cultivando la ecuanimidad de vuestro Ser”.

                                              Motivo de Santo Domingo de la Calzada.

  Y así terminó nuestro trabajo de ese día… 

   

 

 

Nº Grabación 2283   12/4/08     

                                          

 

 

   Esta vivencia  puede ser divulgada por Amor a la Humanidad pero con la condición,  de hacer un uso correcto, y de no sacar beneficio económico  por ello.

 

Correo Electrónico de Jesús y Montse yeshua9999@yahoo.es   

 

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Iglesia del Azogue Benavente.

Los orgullos se me figuran tener, como los adolescentes, porte de hombres y comportamiento de niños

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Esteban Salamanca

    El orgullo es una lata idea que forma el hombre de sí mismo, acompañada del menos precio a los demás.

        Barón de Holbach

 

 

        

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Esteban Salamanca.

   Nuestro carácter nos hace meternos en     problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos      Esopo Filosofo griego

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mural del Museo Vaticano

El recuerdo es vecino del remordimiento. Víctor Hugo

 

 

 


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Cimborrio de la Catedral de Zamora.

  Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él. Víctor Hugo